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Cambia, ¿todo cambia?, ¿nada cambia?

(Vale a pena ler este texto para entender a quantas andam a política venezuelana nesse ano eleitoral)

Por Aram Aharonian

Cambia, todo cambia. El grave problema para quienes comandan la comunicación del oficialismo venezolano es que el escenario no es el mismo. Hoy todos esperan ansiosos el resultado de la segunda operación del presidente Hugo Chávez, mientras la oposición cuenta con un líder que tiene detrás de él un aparato político y estratégico, y va armando su maquinaria electoral. Las encuestas muestran aún a Chávez con gran diferencia sobre su rival, pero…

Volvieron las especulaciones, sobre la enfermedad, sobre el futuro del bolivarianismo en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, sobre la sucesión. Una campaña nacional e internacional, donde los medios son otra vez los que preparan el camino y el imaginario colectivo y especulan sobre los “expertos” extranjeros que “lulificarán” la imagen de ambos candidatos.
Nuevamente quedó en evidencia que la institucionalidad chavista sigue siendo refractaria a la crítica y sorprendió que la política comunicacional del gobierno se haya centrado en un supuesto fraude (en el número de votantes) en los comicios internos de la oposición. El único que quedó mal parado fue el Consejo Nacional Electoral.
Los artífices de la comunicación en el gobierno bolivariano prefieren negar los datos de la realidad que preparar al pueblo para enfrentarlos. Olvidan que las encuestas son parte de la manipulación, en las que los pobres han demostrado tradicionalmente, en Venezuela, que no tienen el hábito de decir lo que piensan. Una elección presidencial no se decide en las encuestas ni en los programas de televisión oficial, y mucho menos en las declaraciones de los dirigentes oficialistas.
La oposición, que apuesta su triunfo a la salud del Presidente, no se puede dar el lujo de dilapidar un solo voto ya que la fuerza y el carisma de Chávez son un handicap en sus metas. Por eso el 12 de febrero armaron una escenografía de un acto de ribetes plebiscitarios con rasgos apoteóticos de referendo (al decir de Marcos Roitman). Y por ello, ha retomado la iniciativa, marcando una agenda propia y no –como hacía hasta hace poco- limitarse a ser reactivo a los dichos y hechos de Chávez.
Cabe recordar que en las elecciones internas podía votar cualquiera de los 17 millones 875 mil ciudadanos inscritos en el registro electoral. En realidad, los votantes fueron menos del 20% del padrón.
Atrás quedaron los partidos tradicionales y su mítico poder de convocatoria; en el camino quedó el gobernador de Zulia, Pablo Pérez, con apoyo de socialdemócratas y socialcristianos. Ganador fue la derecha (aunque en Venezuela casi todos rehuyen decir que son de derecha) y el partido mediático.
Sumemos también el triunfo de la tan denodada democracia venezolana y de la institucionalidad que significa la labor del Consejo Nacional Electoral y las Fuerzas Armadas, garantes del proceso interno opositor.
Todo cambia. Hay sectores de la oposición que saben que es diferente vencer a un Chávez enfermo, con dificultades y debilidad física para asumir la campaña a plenitud, o derrotar a un Chávez sano, fuerte, gobernando, arengando permanentemente al pueblo, yendo y viniendo a lo largo y ancho de la geografía venezolana.
Lo peor que les puede pasar es que un Chávez enfermo o convaleciente los derrote por enésima vez. Por eso, Capriles Radonsky, fue claro al decir que al Presidente le desea “larga vida, porque quiero que vea con sus propios ojos los cambios que vendrán”. La oposición sabe que no puede vencer al Chávez-mito –que ella misma ayudó a crear- y precisa demostrar que, como un hombre normal, es derrotable.
Dentro de la especulación sobre las estrategias de campaña, diarios brasileños hablan del publicista Joao Santana, quien asesorara a Lula da Silva y Dilma Rousseff, con la difícil tarea de lograr que Chávez elimine de su vocabulario el lenguaje descalificador y construir una imagen conciliadora, semejante a la del expresidente brasileño. Difícil de creer, sobre todo porque el mandatario siempre le vino bien la polarización y la confrontación.
Santana, vinculado al Partido de los Trabajadores, manejó las campañas presidenciales del salvadoreño Mauricio Funes y del peruano Ollanta Humala.
Lo que sorprende es que el candidato opositor, Capriles Radonsky, en reiteradas oportunidades habló de su admiración por Lula, quizá asesorado por otro publicista brasileño, Renato Pereira, jefe de estrategia de la empresa Prole, en la búsqueda por seducir a los ni-ni, que según los encuestadores puede alcanzar a un 30 por ciento del electorado.
La campaña opositora
Hay algo que sorprende en esta inusual campaña electoral –ya hacia las presidenciales del 7 de octubre- y es, de parte del sector ganancioso de la oposición, imitación de los códigos chavistas: la simbología, las ideas-fuerza y hasta ciertas consignas. Claro, la copia es simbólica, porque en el fondo –y en el frente- sus ideas son el neoliberalismo, aun sabiendo que está en crisis –por no decir derrotado- en la mayor parte del mundo.
Necesita la oposición del voto chavista (aunque lo disfracen de ni-ni) para poder soñar con una victoria. Hablan de poder popular, porque saben que es algo que ha entrado en el imaginario venezolano. Hay que convencer a los chavistas, o al menos convencerlos de que no voten (que es una forma de restarle votos).
La estrategia de Capriles Radonsky no pareciera ser ganar votos chavistas, sino tratar de que el bolivarianismo los pierda.
Parece que se cambiaron los roles: Capriles Radonsky está decidido a no confrontar y el presidente Chávez ha empezado a hacerlo. Capriles imita al Chávez de 1998, mientras que el mandatario sigue con la misma línea confrontacional que le ha dado tan buenos resultados desde el 2002 hasta ahora.
Hábilmente, Capriles habla de paz y dice representar el futuro y hasta es capaz de hablar de la Sexta República para diferenciarse del chavismo y de la Cuarta República de adecos y copeyanos.
Y para sorpresa del oficialismo, esta opción hasta defiende la Constitución de 1999, comparte algunos planes sociales del gobierno y trata de ser creíble cuando presenta planes alternativos de gobierno.
Obviamente, dentro del trabajo de los estrategas de Capriles Radonsky está el de esconder su antigua militancia en la secta Tradición, Familia y Propiedad (TFP), negar su actuación durante el golpe de abril de 2011, cuando lideró el grupo que intentó copar la embajada de Cuba, disfrazarlos de progresistas y seguidor de Lula “el conciliador” .
La idea parece ser la de transformar la elección de Venezuela en una disputa ideológica de todo el continente, para poner freno a los cambios sociales de la última década. Para ello cuentas con el arsenal de los medios cartelizados venezolanos y latinoamericanos, amén del apoyo incondicional de la prensa hegemónica trasnacional.
Hay varios miedos de clase media que van a ser explotados en lo que resta de la campaña, por ejemplo el temor a perder la propiedad. Aun cuando la mayoría no se sea propietaria de nada: funcionó en del referendo de la reforma constitucional (2007), y los estrategas mudistas suponen que puede funcionar aún a estas alturas.
Por el otro lado puede ser que juegue otro temor, el miedo de perder todos los beneficios sociales que se han logrado en los últimos años bolivarianos, habida cuenta de que el programa opositor es netamente privatizador e implica un retiro del Estado de la economía en general. Significa un desmontaje de todo el aparato jurídico que sostiene a la estatal petrolera Pdvsa, lo que traerá aparejado el desabastecimiento y la disparada de todos los precios de los servicios básicos como el, agua, la electricidad, etc, etc
Pero también existe un temor a que la paz social sea amenazada por una arremetida fuerte contra el chavismo.
Fin del triunfalismo
Lo sucedido con las elecciones internas de la oposición, señala Javier Biadeau, permite desechar las ilusiones triunfalistas, pasar a un análisis riguroso y descarnado de la situación de la correlación de fuerzas electorales y políticas entre el campo bolivariano y el campo opositor.
Sin este análisis, añade, no hay mapa para la lucha, para la estrategia y la táctica que apunten a la recuperación y reagrupamiento urgente de las fuerzas del proceso popular constituyente y de la revolución bolivariana que se activo en 1998 (no del “chavismo oficial y burocrático” que se enquistó luego del triunfo electoral del año 2006), y cuya promesa aún desdibujada sigue siendo el Gran Polo Patriótico (GPP).
Mercedes Chacín señala que desde el chavismo hubo poca preparación, poco estudio ; se creyó, contagiado del mismo síndrome de disociación psicológica que afecta a los opositores, que por una cuestión divina, casi metafísica, los 5 millones y pico de personas que votaron por la oposición en las parlamentarias, se convertirían en un millón. ¿De dónde salió esa convicción?
Hoy nadie duda de la seriedad de la enfermedad presidencial y por ello queda desestimada la posibililidad que se trate de un manejo comunicacional para “enervar pasiones y aglutinar la gente alrededor de la misión lástima”. Lo que llama la atención es que para poder tener un acercamiento a lo que realmente está pasando, un venezolano tipo debe escuchar lo que dice la oposición, porque la credibilidad de los voceros oficiales (Diosdado Cabello, Andrés Izarra) quedaron en el piso.
Cuidar su salud es la única vía para lograr su recuperación. Y últimamente –coinciden los analistas- a Chávez se lo vio excedido en sus actividades institucionales y partidistas, en su quehacer diario, como si nada hubiese pasado.
Desde las filas chavistas se hace un llamado urgente a retomar la discusión sobre lo imprescindible del liderazgo de Hugo Chávez, y el error que esto representa para el socialismo bolivariano, habida cuenta que un proceso socialista no puede depender permanentemente de un hombre, si realmente queremos hablar de un proyecto a media y largo plazo.
Lo cierto es que cada vez que el Presidente presenta algún inconveniente de salud, la revolución tambalea porque siente la posibilidad de quedarse huérfana, y para un proyecto revolucionario eso es un fatal error, señala Reinaldo Iturriza.
Para los habituales especuladores políticos, endógenos y exógenos, la reaparición del cáncer plantea dos interrogantes: Quién se quedará con el poder del proyecto chavista –donde la Fuerza Armada aparece como el fiel de la balanza- y quien llenará el vacío estratégico en el pensamiento y praxis política que dejaría la probable incapacitación de Chávez.
Chávez, el informador, y el vacío de poder
El gobierno se prepara para afrontar cualquier adversidad, lo que incluye un “grupo comando” que responderá ante eventualidades (y tratará de evitar filtraciones sobre la salud presidencial), el que estará a cargo de la ministra de la Secretaría de la Presidencia, Erika Farías.
Mientras, el nombramiento del comando (electoral) Batalla de Carabobo evidencia que no dejará que la oposición avance mientras Chávez esté fuera de combate. La responsabilidad recayó en el alcalde caraqueño Jorge Rodríguez que, por su experiencia como presidente del Consejo Nacional Electoral será clave para montar la estructura electoral para el 7 de octubre.
Mientras sectores de la oposición –quizá tratando de crear riñas internas en el PSUV- insisten ante el Tribunal Supremo de Justicia para que se integre una junta médica que evalúe el estado de salud del Presidente y determine si está en facultades para gobernar, intentando adelantar las elecciones en 90 días, Chávez no delegó el mando, negando cualquier tesis de vacío de poder.
En la línea constitucional de sucesión están el vicepresidente Elías Jaua y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, aunque en el listado de los especuladores figuran Adán Chávez (hermano mayor del mandatario), el aún canciller Nicolás Maduro, el ministro de Energía Rafael Ramírez, el contralmirante retirado Orlando Maniglia y la misma hija del presidente, María Gabriela Chávez.
“Desmiento que tenga metástasis o que ya me esté muriendo”, dijo el líder venezolano, al anunciar que debía ser operado nuevamente en la Habana, con los mismos médicos que lo habían operado en julio pasado y luego tratado con quimioterapia, desechando la invitación de Dilma Rousseff y Lula da Silva para ser tratado en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo, donde fueron atendidos ambos y el presidente paraguayo Fernando Lugo.
El propio Chávez informó que en las próximas semanas no se le volvería a ver con el mismo ritmo, porque además no se sabe si la lesión va a ser cancerígena, lo que considera probable por haber aparecido en el mismo lugar del tumor anterior y en ese caso necesitaría otra vez radioterapia.
Tras informar –en un programa de la televisión oficial- las principales orientaciones y los elementos centrales para la campaña (poner en marcha el segundo Plan Socialista de la Nación, atender el desarrollo de la ALBA, continuar con la organización política del PSUV y el GPP), e hizo un llamado de alerta, frente a una oposición que siempre tiene una agenda oculta, planes conspirativos, sin escrúpulos y que no desperdiciará oportunidad para generar violencia. Dejó a todos movilizados.
El escenario no es el mismo de hace apenas tres semanas. En Venezuela, cambia, todo cambia. ¿O nada cambia?
- Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).
Lin original da notícia: http://alainet.org/active/53001.

‘Eleição de Humala é uma vitória para o Brasil’, diz cientista político

Por Rodrigo Herrero Lopes, para o Opera Mundi

A vitória de Ollanta Humala no Peru modificou as peças do cenário político da América Latina. Antes o Peru poderia ser enquadrado no grupo de países conservadores e mais alinhados aos Estados Unidos, distante dos processos de integração regional, mas conforme as primeiras declarações do presidente eleito, esse panorama deve mudar.

Para Carlos Antonio Romero, Doutor em Ciência Política professor titular no Instituto de Estudos Políticos da UCV (Universidade Central da Venezuela), além de a vitória de Humala reforçar o componente progressista latino-americano, é uma inquestionável vitória do governo brasileiro, que ganhou mais um aliado e parceiro.

Para ler a entrevista com o professor Carlos Romero, clique aqui.

Curiosidades

Um dia em Caracas...

Outra coisa curiosa da Venezuela e que eu não havia contado ainda é o mercado, tanto formal quanto o informal. Em verdade, destaco uma coisa de cada um.

O mercado informal é repleto em Caracas, vende-se de tudo: roupas, badulaques, sorvetes (com seus sininhos terríveis tocados pelos vendedores), vídeos de matemática com musiquinha (engraçadíssimo!) e até chamada telefônica. Sim, no centro de Caracas, se você ver uma pessoa sentada num banquinho com outro com uma caixinha com alguns celulares – e, por vezes, cigarros – não se assuste. Aproveite, se aproxime e faça uma chamada, é bem barato. Eu não fiz porque tinha um ”móvil” à disposição para mim lá e também porque resolvi muitos dos meus problemas por e-mail. Além do que, as ligações para o Brasil eram feitas da casa ou do skype mesmo. Mas em uma das poucas vezes que usei o meu celular, falei por uns dois minutos com uma jornalista de lá e quando vio saldo tinha consumido uns três centavos.

Isso que dá ser um país rico em petróleo: algumas coisas são bem baratas, como também o metrô, já comentado neste espaço. Outra coisa bem barata é a gasolina: com seis bolívares, o que não dá três reais, é possível encher o tanque das SUV’s ou das possantes barcas gigantescas (aquelas banheiras norte-americanas, sabe?) bebedores de combustível. Em postos de conveniência de lá, a coca-cola chega a ser mais cara (sete bolívares) do que lotar o tanque do pujante.

Outra curiosidade é que é obrigatório os carros novos ter tanque de gás, que é gratuito, diga-se. No entanto, com o preço da gasosa, para que andar mais lento, né? Mas é um projeto do governo, para, no futuro, poder aumentar o combustível e incentivar o uso do gás, sem revoltas. Vale lembrar que na Venezuela não há carro novo para vender, a produção é fraca e a importação idem. Demoram uns quatro meses para chegar o carro. O que faz com que os veículos usados sejam vendidos a preços absurdos. E é uma cidade automotiva, com mais carro e concreto de avenidas e auto-pistas do que gente.

A outra coisa que eu queria dizer é que, no caso do mercado formal, na Venezuela há a tal da Nota Fiscal Paulista compulsória. Quer dizer, na verdade o cara não pode ganhar prêmios ou ter parte da grana de volta informando seu CPF a cada compra que fizer, como em São Paulo, mas em todo o lugar eles pedem o número da cédula de identidade – ou o passaporte no caso de estrangeiro – para cadastrar a compra. Isso é para evitar a sonegação fiscal, não tem nada de prêmio.

A primeira vez eu assustei, fiquei nervoso, achei que ia ser preso por fazer compras, não sabia direito o que responder. Mas é algo normal. No entanto, em uma loja de roupas não me pediram número de nada e eu fui ao lugar duas vezes.Perguntei para meu amigo brasileiro de lá e ele comentou: “os caras devem estar sonegando mesmo”. É estranho você ter que dar opbrigatoriamente o número de seu documento ao fazer uma compra, mas, pensando bem, é uma forma de garantir que o imposto chegue ao destino final e possa ser investido. Afinal, já que é pago, que seja revertido.

E o imposto não é barato não. Além do preço do produto, paga-se 12% do tal de IVA lá na Venezuela. Se você vai parar um bar ou restaurante, ainda tem mais 10% do garçom, a “propina”, e é obrigatório praticamente, ao contrário daqui. Tudo fica meio caro com tanto imposto. O bom é que muitas vezes o preço já vem calculado com o IVA, o que evita você ficar maluco tentando saber quanto você vai realmente pagar pelo produto.

Ah, Venezuela, suas contradições e peculiaridades. Outra hora eu volto.

Corrida maluca

Verde para todos

Eu voltei da Venezuela fazem uns dez dias, mas faltaram algumas histórias para contar daquele país especial e de sua capital Caracas, um tanto quanto maluca, mas também muito acolhedora e bacana.

A parte maluca daquele local é o trânsito. Os carros não respeitam absolutamente nada, nem farol, nem pedestre, nem faixa. Motoqueiro então, se tiver gente passando na faixa de pedestre com farol vermelho para ele, e daí? Ele segue mesmo assim. Só uma vez eu vi dois motoqueiros pararem, mas porque havia um guarda orientando o trânsito e ele mandou. Os carros fazem conversões absurdas, buzinam muito, travam as ruas, correm, andam em filas e transformam Caracas em um estacionamento gigantesco.

Como se vê na foto, chega-se ao cúmulo (e que não deixa de ser engraçado) do semáforo permitir que os carros virem à direita e o pedestre atravesse o mesmo caminho. Não sei como não vi um acidente nos meus 18 dias em Caracas. Se bem que no penúltimo dia eu quase vi uma tropelamento. Um dos pequenos ônibus que me levavam do metrô até a residência onde fiquei, entrou à esquerda (uma conversão muito maluca, mas permitida) e um homem com sua filha passava no mesmo local. O ônibus parou, os dois discutiram e o motorista praticamente jogou o ônibus sobre a criança, que, por sorte, não foi atropelada. O homem saiu correndo atrás do ônibus e jogou algo que parecia um pedaço de pau ou de metal, mas, depois, vi que era uma espada (!). O que o cara fazia com uma espada no meio da rua, eu não faço a mínima idéia. O vidro não quebrou, mas ficou marcado a ponto de estraçalhar. O ônibus voltou, houve mais discussão. E eu via aquilo tudo perplexo. Mas, confesso, não sei como não vi muitos acidentes, se é que eles não acontecerem, mas em outros pontos da cidade.

No entanto, no metrô há mais cordialidade. Não há assento preferencial como em São Paulo, exceção feita ao último e primeiro vagões, que tem o canto todo reservado. O que não impede das pessoas cederem seus lugares às mulheres, idosas, grávidas ou com crianças – aliás, como tem criança em Caracas.

A estação principal, a Sé de lá, chama-se Plaza Venezuela e interliga três das quatro linhas caraquenhas. No entanto, não há uma plataforma central que faria com que o trem abrisse duas portas. Abre-se só uma. E o feitiço: as pessoas que estão na plataforma ficam do lado da porta e esperam sair todas as que estão dentro do vagão para só então entrar. Quando o trem está superlotado é normal ocorrer um certo empurra-empurra para entrar, mas nada tão violento quanto o que eu já vivi inúmeras vezes em São Paulo.

Não sei se dá pra sentenciar, mas os pedestres parecem ser mais cidadãos do que os motoristas. Ou, lembrando a paródia do Pateta, é só botar ou tirar a pessoa do assento do motorista para que ela mude, para o mal ou para o bem.

Venezuela – Dia…

É, já perdi a conta dos dias, os posts não tem sido diários, então paremos com a numeração.  E vamos logo para o post de hoje.

Neste domingo aqui na Venezuela começou o Venezuelão 2011, ou o Bolivarianão 2011, ou ainda o Chavão 2011, como queiram. É o Clausura daqui que fecha a temporada 2010-2011. Pena que o Caracas estreou fora, ante o Monagas, em Maturín. O que me sobrou, em princípio, o clássico entre os “Deportivos”, o Petare, da capital, e o de Anzoátegui. “Pero”, hoje cedo, fuçei na internet para confirmar e descobri que o jogo a ser disputado no estádio Olímpico de Caracas, que fica na Universidade Central (ao lado do campo de beisebol (eu fui num jogo semana passada, preciso contar essa história), seria disputado a “puerta cerrada”, sem explicação aparente. Daí, me restou o outro jogo na capital caraqueña, de terceira linha: Real Esspor x Mineros de Guayana, no estádio Brígido Iriarte, zona sudoeste de Caracas.

E, após um dia com amigos dos amigos que me acolheram num clube “cerca” de Caracas, me deixaram de carro na volta na porta do estádio, uma moleza, considerando que estávamos fora da cidade e que o estádio fica numa região mais periférica. Para entender, imaginei um morro bonito, todo verde, alto, ondulado. Agora, imagine esse mesmo “cerro”, só que, ao invés do verde da mata, tá o vermelho do tijolinho, dos milhares de tijolinhos, das casas, dos “ranchos”, que formam várias e várias favelas pelos morros da capital venezuelana. Embaixo de um desses tinha até um túnel, por onde passamos (e outro depois) para chegar ao destino.

No Google Maps indicava que havia metrô perto, mas o meu novo amigo, Frank, me sugeriu pegar um “metrobus” (Sim, a pataquada igual a do Rio de chamar ônibus de metrô) que era mais seguro e fácil. Diante disso, dei uma volta no estádio, até a avenida, e voltei, só para me ambientar com o lugar e tirar umas fotos da fachada.

O detalhe bom é que a entrada foi livre, grátis, ou seja, não paguei um bolívar sequer. Eu li algo assim num site de notícias. Só não saquei a explicação, mas isso eu conto na sequência.

Entrei há uma meia hora do jogo começar e os dois times estavam aquecendo no gramado, na maior cordialidade. Engraçado que a torcida estava dividida, aepsar de Puerto Ordaz – cidade-sede do visitante – ser longe pacas de Caracas. Vieram uma meia dúzia de “hinchas” mais fanáticos que ficaram pulando e soltando fogo do outro lado. Mas na parte debaixo onde fiquei e estava repleta, tinha torcedores misturados e um número expressivo de torcedores com camisa do Caracas, curiosíssimo. Exceção feia a um grupo de 20 torcedores do Esppor, organizador, “por supuesto”, que batucavam vários instrumentos, pareciam uma mistura de Olodum com escola de samba, e não paravam. E toda hora um garçom ia lá levar cerveja e refrigerante. Moleza torcer assim. De qualquer forma, e de resto, era um clima meio amador, o pessoal comemorava gol dos dois times, me senti vendo futebol nos EUA nos anos 70 (um episódio de “Anos Incríveis” sobre futebol ilustra bem isso), meio estranho.

E a qualidade da peleja, “seguro”, foi fraquíssima, como já era esperado. Mesmo assim, saíram cinco gols, num 3 x 2 empolgante para os donos da casa. Empolgante porque eles saíram perdendo, em um golaço de jogada individual de um “minero”, que tabelou pela meia-esquerda, cortou para o meio, passando por dois e mandou no ângulo esquerdo do goleiro da casa. Mas antes do fim da primeira etapa, os donos da bola empataram em cruzamento após escanteio da ponta esquerda.

Aqui, um parênteses. No intervalo, resolvi dar uma volta, primeiro, para tomar uma cerveja (sim, os caras vendem cerveja no estádio, e a um dólar!), ver o estádio de outro ângulo, tirar umas fotos, essas coisas. Aí me dei conta de uma coisa. Mas antes, é preciso explicar que o Brígido Iriarte é tal e qual o Olímpico, do Grêmio. Quem não conhece, é assim: são dois lances de arquibancada com, na parte final das cadeiras um corredor e um espaço para venda de comida e banheiros. O detalhe é que no Iriarte esses espaços ao fundo estavam quase todos tapados com lençol ou plástico preto. Daí fui entender o que a mensagem do jornal dizia: que o presidente do Real Esspor liberou a entrada porque no estádio estão 1.200 “damnificados” pelas chuvas do fim de ano. Ou seja, parte dos desabrigados estão morando no estádio!!!!! Surreal! Não entendi a relação disso com ser gratuito o jogo, mas, enfim, me dei conta da informação, que havia lido com desdém, ser imaginar que, minutos depois da constatação, veria uma idosa na “porta” de sua “casa”, um lençol rasgado no meio, observando tudo, com mais umas pessoas ali dentro, vendo TV. Sim, havia desabrigados ali no estádio. Em um desses buracos não havia lençol e deu para fotografar as beliches – na verdade, foi nesse instante que me toquei do que havia ali. E logo ao lado, uma gritaria e uma multidão clamando por cerveja. Além desses desabrigados, há outros pessoas numa fortaleza militar, em um pequeno aeroporto central e outras em moradias provisórias afastadas, enfim, prédios. As coisas são meio malucas aqui na Venezuela, ainda mais Bolivariana, com Chávez no poder.

Voltando ao jogo. Logo no início do segundo tempo, o Esspor virou de cabeça novamente, após outro cruzamento, este vindo da esquerda. Era a jogada dos caras, chutão e cruzamento. O Mineros tentava por a bola no chão e chegar dessa forma, mas o que errava de passe… Mesmo assim, na base do abafa, já aos 30 e “picos”, empataram, com outro golaço. Após escanteio da esquerda, a zaga da casa rebateu mal para a entrada da área e o atleta visitante pegou do jeito que ela veio e mandou no canto alto esquerdo do goleirão.

Mas como as duas defesas eram uma porcaria, aos 44′, após um lançamento da defesa, um neguinho baixinho que corria o ataque todo, veio da direita para a esquerda atrás da bola. Os zagueiros do Mineros ficaram olhando e o atacante do Esppor tomou a frente, invadiu a área, virou o corpo e bateu de direita, à esquerda do goleiro. Festa dos batuqueiros e torcedores do Esspor. E deste que vos bloga, que teve melhor sorte desta vez, já que no jogo de beisebol, o time da casa perdeu. Mas essa é história para outro dia. Até lá.

Venezuela – dia 8

Olá meus amigos. Desculpas peço pelo meu sumiço. Muito trabalho, muito passeio e pouco tempo para visitar esse espaço com calma e empolgação para contar as várias aventuras que tenho passado por aqui. Teria o que falar sobre os últimos passeios, sejam do fim de semana, sejam dos últimos dias, mas há outras coisas para falar…

Por exemplo, a comida. Acho que não vou conseguir me habituar com a culinária venezuelana. Ontem comi uma tal de “cachapa” que me fez passar mal boa parte da tarde, tendo “resuelto” tudo após um eparema brasileiro com coca-cola. Cachapa é uma massa ala panqueca, feita de milho, que pode ir qualquer coisa salgada. Só que ela é meio doce. Eu pedi um doble queso y jamón, o sea, dois tipos de queijo (branco e mussarela) e presunto. Delicioso. Mas a massa, lá pela metade… fez um mal danado, tanto o paladar quanto o estômago  não gostaram e foi um “lío” comer aquilo.

Hoje comi um ”pabellón criollo”, comida típica daqui e bem parecida com a de Brasilç Arroz, feijão preto bem temperado e carne “mechada”, ou seja, dedfiada, e banana frita. Exceto a banana, um prato bem brasileiro, parecido. Gostoso, carne bem temperada, comida gostosa, mas nada demais.

Outro prato típico são as arepas. Elas são como um pão, de milho, que recebem recheios variados. Os caras comem de café da manhã, almoço, etc. Já comi arepitas pequeñas que não tem gosto de nada, argh. Mas, outro dia, num centro comercial bem bacana “cerca” de onde estou comi com recheio de pernil desfiado e queijo guaianes maravilhoso, uma delícia mesmo. Não pela arepa, que é de milho, meia boca (mas melhor que a cachapa, já que não é doce), mas pelo recheio maravilhoso que encobre qualquer outra coisa. Definitivamente, uma delícia! 

As coisas que não me fizeram mal e são parecidas com o Brasil, e muito gostosas, são os pastelitos e as empanadas. Os primeiros são pastéizinhos, com recheio de queijo, etc. Gostosos e bem basicões. Já as empanadas são risolões com os mais diferentes recheios: carne, pollo (frango), queijo, queijo y jamón, etc. Uma delícia. Se bem que comi uma domingo que estava tão oleosa que desisti de repetir. Mas, no geral, são bacanas, tais e quais os salgados paulistanos, os caras comem de manhã, à tarde, à noite, etc.

Mas como eu tô com saudade de um bifão de carne, não sei o que é isso aqui na Venezuela. Os caras não comem isso aqui, increíble…

Bien, hasta luego! Até a próxima história!

Venezuela – dia 4

Bem, na verdade é dia 5, mas eu faltei com um post e o dia 1 eu cheguei tarde e pouco fiz, nem fui à rua na labuta, então vamos do jeito que vai…

Mas não tô aqui pra discutir isso, mas sim, de início, explicar que eu descobri o que é o Panteão Nacional, consegui ir lá, a muito custo de minha saúde, mais fui. Por fora, parece uma igreja, por dentro, um mausoléu. Lá estão homenagens, quiçá os túmulos de todos os “libertadores de América”. Dos lados algo parecido como altares com estátuas dos “mártires” da independência da Grã-Colômbia. No corredor central, as bandeiras dos países correspondentes (Venezuela, Colômbia e Equador), de Cuba, Panamá, e acho até que bandeiras antigas, porque tinham bandeiras a mais com as cores tricolores que envolvem os três primeiros países citados.

Ao fundo, do lado esquerdo, Francisco Miranda, do direito, Sucre. No centro do panteão, um caixão envolto numa bandeira venezuelana: é de Simón Bolívar, o quase-deus da quase-religião bolivariana que seguem os venezuelanos. E detalhe: isso não tem nada a ver com Hugo Chávez, o povo cultua Bolívar – o “Libertador” -  desde sempre, Chávez apenas capitalizou a coisa. E convenhamos: ter um sarcófago à mostra num local público dá a mostra de como os locais são devotos de “São” Bolívar. Fantástico.

Ah, a entrada é franca, viu? Se tu tem “bolso” (bolsa, mochila) a senhora (que parece um cara) “cuida” pra você (deixa no chão do lado ou atrás delas), pois é proibido entrar com essas coisas lá. Tu assina o livro e tá liberado. Aliás, venezuelano tem sina com essa coisa de não poder entrar em locais com mochila, sacola, bolsa. Hoje fui numa livraria e se procedeu o mesmo. Outro dia, numa loja de vende-tudo e outro numa loja de roupas, que eu fui para comprar meias. Lembram da história né? Então… Até lá eu tive que deixar a mochila num guarda-volumes. Quando não tem nada de valor dentro, beleza. Mas quando tem seu notebook e passaporte, é duro né? Baita aflição.

Se a saúde deixar, vou visitar outros locais bacanas e escrever sobre eles aqui.

Até qualquer hora.

Venezuela – dia 3

Hoje o dia foi complicado. Uma gripe que se avistava desde segunda deu o ar de sua graça hoje, firme e forte. Isso porque, ontem, tomei uma baita chuva na saída da Biblioteca Nacional e, ao entrar no metrô, tive o azar de pegar o vagão com ar condicionado. Um frio de lascar. Já viu a combinação de corpo molhado e ar frio, né? Já senti frio, a garganta já foi pro vinagre, espirrei pra burro e me senti tão cansado que não sei como consegui completar as pesquisas de hoje.

Já estou no mês de abril de 2008, avancei quase um ano e meio em meros três dias. Desse jeito, poderia voltar para o Brasil daqui uma semana e meia. Mas há outras coisas por fazer, e curtir também. Além do quê, não há voos em profusão para isto. É um por dia e só. Mas só curtirei se minha alergia deixar… Mas isso é outra história.

A Biblioteca Nacional daqui de Caracas é bem organizada, dividida em setores, o pessoal é muito prestativo e gente boa, mas… é tudo uma zona. As pastas estão desorganizadas – na de “1 a 15″ estão os de 16 a 30″ e vice-versa -, os exemplares estão fora de ordem, muitos amassados, rasgados, alguns até com páginas faltando, cortadas por algum imbecil que poderia xerocar ao invés de ferrar com o próximao que fosse pesquisar.

Além disso, não há monitores te vigiando como, por exemplo, no Arquivo do Estado de São Paulo. Eu achava um exagero, mas entendia. Agora, compreendo bem mais. Não é a toa que em Sampa o pesquisador não pode manipular o jornal sem luvas, tocar com os cotovelos no material pesquisado, nem tirar da mesa onde está manipulando-o. Aqui é tudo livre. Convalescente como eu estou hoje, fiquei um pouco preguiçoso em organizar as coisas. Sentado mesmo, lia o periódico como se fosse em uma banca. E ninguém foi chiar comigo. Aqui o povo é mais low-profile.

Após este causo, vou em referir a outro, mais engraçado. Não é que o tonto aqui, por alguma razão misteriosa, esqueceu as meias no Brasil? Tô usando uma meia fedidaça até agora. Bem, menos ontem, que resolvi ir sem nada, para não feder e gastar muito a filha única. E bem ontem eu tomei chuva e molhei o pé. Inferno! Mas foi bom, porque hoje a minha única meia tava sequinha para segurar as agruras de um tênis ainda úmido – andar com os pés molhados é infernal, mas a meia segurou a onda.

A saída era sabida: preciso comprar meias. Ontem, em meio à chuva, passei por várias “zapaterias” e nada de ver “calcetines” nas lojas. Puta azar, sô. Aqui os caras não vendem junto. Mas porra, meia é pra calçar o sapato, então, tem que vender!

Mas hoje o tonto aqui foi mais esperto. Perguntei pra empregada onde tinha uma “tienda de ropa o calcetines cerca del metro” e ela me indicou uma a três estações de onde estou. Na volta da Biblioteca Nacional, mesmo combalido pela gripe, dei um pulo lá e consegui, ufa, comprar meias. E como eu já estava precisando – já que as outras que ficaram no Brasil estavam passando do ponto – comprei umas quatro, a 13 bolívares cada, uma pechincha. Isso porque era uma loja grande e não era “rebajas” ou uma loja qualquer, era uma C&A com Pernambucanas, essas coisas. Pra tu ter uma idéia, 13 bolívares não dá 4 reais no câmbio negro, chico!

Até que tô me virando bem, até resolver problema de celular… consegui hoje entravar um diálogo com a atendente da Movistar. Se bem que é naquelas, eu grunho umas duas ou três palavras e ouço e entendo o resto. Mas essa é uma história para outra hora. Hasta luego!

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Venezuela – dia 2

Ontem foi meu primeiro dia de fato em Caracas. Acordei cedo e fui me aventurar pelas ruas e metrô da cidade. Uma caminhada de uns 15 minutos até a estação de metrô Miranda, com uma visão maravilhosa às costas: El Ávila, o gigante morro que circunda a área norte de Caracas.

O metrô é parecido com o de São Paulo, com uma grande diferença: é muito barato. Com um real mais ou menos você toma a condução. Comprei o multiabono, com dez viagens, e saiu 4,50 bolívares, uma merreca. O metrô é cheio de ambos os lados da linha 1 que estou usando (a principal, que corte Caracas de leste a oeste), mas há bastante rotatividade. Isso porque a volta às aulas da garotada é só semana que vem. Enfim, vou viver os mesmos problemas de trem apertado e calor que em São Paulo, apesar de dizerem que ahá ar condicionado.

Na rua, me perdi. Segui pelo caminho correto, mas ainda distante do meu destino, a Biblioteca Nacional. Mas, cortando aqui e ali, consegui me achar em mais uns 15 minutos de caminhada. A biblioteca fica no Panteão Nacional (não me perguntem, ainda não fui vê-lo), um lugar que recebe a posse dos presidentes e manifestações populares, parece um lugar histórico importante para o país. É um boulevard e uma praça de concreto com uma igreja ou algo parecido no seu final e no lugar os caraqueños brincam com seus filhos, cães, conversam.

Enfim, consegui contatar-me por meio de meu espanhol pífio e, para, acessar os arquivos que precisava e tirar as fotos necessárias, necessitei de uma autorização da chefe da hemeroteca, que foi muito amável e só pediu que eu redigisse uma carta de próprio punho contando as razões de minha visita, de minha pesquisa, apenas para eles terem os dados dos estrangeiros que visitam o lugar para pesquisa.

O almoço foi um caso à parte. Descendo pelo boulevard, após indicação de um atendente da hemeroteca, encontrei um local que dizia: “menu 30 bolívares con sopa”. Entrei. O lugar era meio podrera, os funcionários que te serviam e como eu não sabia direito o que era o que, fui no arroz, com frango assado e salada verde com tomate e cebola, que aqui chamam de mista. Foi no chute. Tinha uma salada de maionese que eu queria fugir (aqui eles carregam na maionese e pode dar problemas a ti, cuidado) e outra que depois descobri que era uma de repolho e cenoura picadas com um molho claro, parecido com a feita aqui. Ah, e um suco: horrible! Tinha gosto de mel com limão e outra coisa não-identificável. E uma cor escura, algo como o tamarindo do Cháves? Não consegui tomar tudo, odeio mel com limão.

Voltei para a biblioteca, concluí uma parte da pesquisa e só não fiquei mais porque a máquina fotográfica encheu o cartão. Hoje talvez eu leve o note para ajudar. Ao sair, me perdi mais uma vez, desta vez, feio. Andei por tudo que foi canto, olhando meu mapinha via Google Maps, na tentativa de achar a Catedral de Caracas ou algum museu que tinha separado, mas andei pacas por ruas desconhecidas, carreguei meu celular emprestado que não adiantou (tem crédito, mas não consigo fazer chamadas) e tive que sair perguntando onde estava o metrô. Sem me desesperar, afinal, os venezuelanos falam espanhol, não alemão ou japonês. Enfim, achei a estação. Bem, não era a que eu descera, era uma antes. Ou seja, caminhei a distância de uma estação, completamente perdido.

Tem mais coisas para contar (ontem fui ainda ao mercado e tem umas curiosidades bacanas daqui), mas tô me atrasando para mais um dia de pesquisa. Se der, mais tarde eu volto. Hasta luego!

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Venezuela – dia 1

A viagem de São Paulo a Caracas foi tranquila. O que doeu foi a despedida. Mesmo que por pouco mais de uma quinzena apenas, a saudade bateu e o até logo foi chorado. O voo em si foi sem sobressaltos e a novidade foi se acostumar com o fuso horário de duas horas e meia (e meia sim, não estou brincando).

A primeira coisa que fiz quando saí do avião foi tirar uma foto do morro do lado esquerdo, atrás do aeroporto (do lado direito fica o mar do Caribe). Nem deu tempo de respirar e sentir o ar úmido e quente de Maniqueíta, cidade que acolhe o aeroporto Internacional Simón Bolívar, repleto de referências ao socialismo bolivariano em seus banners e frases.

Após a burocracia da imigração, tal e qual no Chile há três anos, a ida até o desembarque das malas, quando os ajudantes se oferecem para um táxi, um “câmbio” de dinheiro e o que mais você quiser. Cheguei meio assustado, atrapalhado, perdido em meio a uma língua estrangeira e à total falta de noção do que fazer e de para onde ir.

Um desses ajudantes externos me auxiliou na saída para trocar alguns bolívares e me indicar a fazer uma ligação telefônica.  A empresa é Movistar e o esquema é parecido com uma lan house brasileira: tu entra numa cabine, fala o quanto quiser e paga o valor utilizado. Fantástico. E econômico. Fiz duas chamadas para o Brasil e uma interna e gastei quase oito bolívares, o que não dá nem dois dólares no câmbio oficial. O ruim é que no aeroporto estão cheios de abutres, como a taxista os chamou, pedindo dinheiro por uma indicação, uma mala carregada sem um pedido, ou qualquer outro auxílio.

O táxi é engraçado: não tem taxímetro e você negocia na hora de embarcar com uma espécie de fiscal, nem com o motorista é. Isso porque são táxis autorizados pelo aeroporto. A taxista (sim, uma mulher) foi de uma gentileza gigantesca: me explicou várias coisas, me ofereceu CD’s para escolher a música no carro, jornal para ler, enfim, conversou bastante e deu sua visão a respeito da Venezuela de hoje e de Chávez, suas críticas, seus medos com relação à cidade, a informação de ter trabalhado na PDVSA na época do Paro Petrolero e que sua família ficou marcada como os “ex-PDVSA” e que foram expulsas da petroleira após a retomada do poder por Chávez, depois de quase ter sido apeado do poder. “É una lista negra”, disse a taxista, acrescentando que estes não podem emprestar dinheiro e fazer outras transações. A conferir esta história posteriormente.

Zonia é o nome dela. Sim, com “z”, ou “la zeta”, incomum aqui e um erro no caso dela, tanto que ela entrou com pedido para mudança. Zonia que achava que no Brasil se escrevia com “z” porque tem uma amiga brasileira que se chama assim. Mas não, Zonia, lá é com “s” mesmo.

Após chegar no destino, o acolhimento dos amigos Verena e Pedro, seu filho e sua avó. Já, já, mais alguns bate-papos e informações importantes e o derradeiro descanso, antes da peleja começar de verdade. Mas, antes, uma coisa: as tomadas aqui são em retângulo fino e não arredondadas, logo, se vier aqui, arrume um adaptador. Ou vá na loja “Ferro Total”, disse minha amiga Verena. Irei em uma amanhã para comprar um “chufo” (?) desses. Até qualquer hora.

Atualização às 17h45, hora local, desta terça-feira (o martes)

Ontem ainda deu tempo de mais umas historietas. O casal que me acolheu aqui resolveu dar uma volta comigo pelas redondezas, para me mostrar um pouco do lugar e me tranquilizar quanto à segurança: “as pessoas têm medo de tudo aqui, mas não é nada disso”, me garantem os amigos Verena e Pedro. Até tomamos umas “birras” em um buteco que tocava só rock internacional antigo e que ficava em cima de umas “escaleras” (escadas) em um espaço aberto entre prédios comerciais. Há muitos espaços assim em São Paulo, mas nenhum com bares como aqui. Bem pensado, o bar parece suspenso no ar, olhando de fora dele.

Cuidado com a cerveja. Me disseram que a melhor é a Solera. Ainda vou tomar todas aqui para descobrir, mas ontem tive uma péssima experiência. Minha amiga perguntou se eu queria uma cerveja amarga ou normal. Votei na normal, achandoque amarga seria mais forte. Daí me veio uma Solera de garrafa azul, light. É horrorosa, não percam seus tempos com ela. Peguem a pseudo amarga, que é a Solera verde, uma cerveja bem boa, melhor até que nossas Pilsen, posso chutar. Mas ainda vou tomar mais desta também para ver se a opinião é mantida. Agora sim: até qualquer hora!

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